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15-S: “¿Qué fue eso?”

Muchos, muchos policías y sobre todo muchos militares, era lo que destacaba entrada la noche antes de la tradicional ceremonia del Grito, un 15 de septiembre del 2008 con la escena común de la fecha: familias agolpadas sobre la avenida Madero frente al Palacio de Gobierno, jóvenes que coreaban y hasta bailaban lo que cantaban en el templete colocado en el cruce con la Avenida Morelos en el espectáculo previo, gorros y atuendos tricolores, banderas, cornetas de cartón haciendo escándalo y muchos, muchos uniformados.

En el centro de la Plaza Melchor Ocampo, una inmensa lona sostenida con barras y mecates que se sostenían incluso desde las bancas laterales, permanecía como parte de un plantón semivacío de antorchistas, con la luz apagada en ese lugar. Hasta ahí llegaba la multitud a la expectativa del Grito, con el inmueble iluminado del Antiguo Seminario Tridentino y a un lado la mole imponente de Catedral.

Las 23:00 horas estaban planteadas oficialmente para el evento conmemorativo. Cesó el canto y se agolpó la multitud entonces hacia el Palacio de Gobierno, mientras paseaban los rondines de policías y militares entre la gente, repartida desde ese punto de la avenida Madero hasta la calle de Quintana Roo, en el cruce con el Templo de la Merced.

El gobernador Leonel Godoy Rangel apareció en el balcón central un poco antes de las 23:00 horas con la Bandera en sus manos, la cual ondeó para iniciar la proclama a los héroes. Terminó el tercer “¡Viva México!” de los tres finales del ritual cívico y se aprestaba a tocar la campana cuando se escuchó el estruendo, fuerte y seco.

“¿Qué pasó, qué fue eso?”

Alguna música se percibía, mientras el grito de la multitud en una de las partes laterales de la fuente, a un lado de Catedral, advertía que algo pasaba mientras con el vibrar del suelo se sentía el impacto de la explosión, y una sensación de aturdimiento entre los más cercanos.

Una nube apenas perceptible se desprendía del lugar, del cual la multitud trataba de huir a como diera lugar. La parte central de la Plaza era el punto de desfogue, entre preguntas que ya se hacía la gente: “¿Qué pasó, qué fue eso?”, repetía una señora con rebozo. Nadie desde ahí lo sabía, todos corrían y se tropezaban con los mecates del enlonado antorchista o con las sillas que momentos antes eran parte del acto con artistas.

Se escuchó la sirena de una ambulancia y los balcones de Palacio de Gobierno seguían iluminados, aunque repentinamente vacíos. La escena se despejó con el correr de la gente y dejó ver los cruentos efectos de lo que fue el estruendo, una granada de fragmentación: gente tirada en el suelo, en medio de sangre y lamentos, mutilada, alguna inconsciente o muerta, gritos, llantos desgarradores.

Otro artefacto más estallaría minutos después en el cruce de Madero y Quintana Roo.

Entre sirenas y rumores

Los funcionarios e invitados a la ceremonia en Palacio de Gobierno fueron desalojados alrededor de las 11:40 horas. Godoy Rangel, quien permaneció esa noche en el lugar, a las 01:20 horas emitió la primera declaración oficial sobre los ataques, con un saldo de tres fallecidos y 70 heridos.  “Condenamos este hecho brutal, porque se atentó contra gentes inocentes. Hay niños, personas, familias que acudieron a divertirse sanamente al Grito, como cada año se hace. Condenamos este cobarde atentado”, señaló. Se anunció además la cancelación del desfile del 16 de septiembre, y en el reporte oficial se identificaba ya a las granadas de fragmentación, dos, las que habían sido activadas, una a las 23:00 horas, la de la Plaza Melchor Ocampo, y otra minutos después a la altura de Quintana Roo.

A la par del avance de las horas, los rumores corrían mientras las sirenas no cesaban de escucharse: que una balacera en Acueducto esquina con Ventura Puente; que vehículos emboscados en las cercanías de Huiramba, que otras dos explosiones, una en Santa María y otra en la Soterraña. La fiesta cesó también en bares y centros nocturnos, que por instrucciones de las secretarías de la Defensa Nacional y de Gobernación desalojaron a los asistentes.

De acuerdo con la información que se difundió sobre el operativo aplicado hasta las 23:00 horas, 800 elementos habían vigilado el evento, al que habrían concurrido 30 mil personas.

Tras las explosiones, la madrugada de aquel ya 16 de septiembre mil 500 elementos conformaban el operativo de seguridad implementado hasta las 01:30 horas, con una valla que impedía el acceso a todo el tramo de la avenida Madero.

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