HomeDerechos HumanosAnte el avance de los pueblos en resistencia, empresas aumentaron el nivel de agresión: Gustavo Castro

Ante el avance de los pueblos en resistencia, empresas aumentaron el nivel de agresión: Gustavo Castro

Revolución TresPuntoCero

Todo pasó en minuto y medio. Los sicarios entraron y dispararon a matar. Nadie sabía lo que sucedería, ni siquiera Gustavo Castro Soto se imaginó que esa noche de aquel 3 de marzo, se encontraría en la casa de Berta Cásares, líder indígena de origen hondureño. “Fue ‘Bertica’ que quizá lo intuía o quizá el destino que nos puso en aquel sitio” para que su legado no muriera, dice el activista mexicano.

El testigo, víctima y sobreviviente del ataque dijo en exclusiva para Revolución TRESPUNTOCERO, que los mismos agresores se sorprendieron al verlo, porque “lo tenían perfectamente planeado”. Dispararon contra él, y a partir de entonces Gustavo fingió estar muerto. Los sicarios, quienes no esperaban encontrarse con el activista, lo creyeron sin más.

Noventa segundos y el horror llegó por la entrada del hogar de Berta, allá en La Esperanza, Honduras. Noventa segundos y luego los pistoleros se hicieron humo, sin que a la fecha haya rastro de ellos.

“Me dieron por muerto. Pensaron que me habían dado, pero la bala solo me rozó por la cabeza. Y pues ya, cuando se fueron yo salí en auxilio de Berta, que estaba en otra habitación. Entonces empecé a llamar a amigos para que nos auxiliaran y nos rescataran, pero como todo pasó en la madrugada, trascurrieron varias horas para que llegara la ayuda”, recordó Castro Soto.

No es la primera vez que le arrebatan a un amigo a Castro. Mariano Abarca Roblero, quien estaba en contra de la minera Black Fire, en Chicomuselo, Chiapas, fue asesinado a tiros la noche del 27 de noviembre de 2009 en ese municipio.

Isaín Mandujano, periodista y amigo de Gustavo, comentó a Revolución TRESPUNTOCERO, que el crimen contra Mariano, es uno de los que más le han dolido a Castro.

Pero el peligro y la muerte son una constante en el camino de quienes defienden el territorio; “está el caso de Mariano Abarca, mi gran amigo; luego estuvo Bety Cariño; y luego pasó lo de Noé (Vázquez Ortiz), que en pleno evento en Veracruz fue asesinado”, recordó Gustavo.

“En Guatemala, en Oaxaca o en Puebla, en todos lados hay riesgos. Yo soy uno más entre tanta gente luchadora y que está defendiendo los derechos humanos”, dijo. “Hay miles y miles de muertos y desaparecidos. Todos los días. Yo no soy el único. Ese es el riesgo de todos los que estamos en esta lucha. Incluso con sólo ser el testigo de algo. Suponemos que hay sicarios, grupos armados contratados para aplacar la protesta social, no sólo en México o en Honduras, sino en toda la región mesoamericana”, reitero Castro Soto, quien luego de un mes de estar retenido en Honduras, por las diligencias de las autoridades que investigan el asesinato de Berta, llegó a México el pasado primero de abril.

¿Qué es lo que está pasando? ¿Quién o quiénes están detrás de toda la violencia? ¿Por qué están asesinado a quienes, como Berta Cásares, se oponen al despojo? Castro Soto opinó que las grandes empresas están disputando el territorio a los pueblos originarios, y como la respuesta ha sido una lucha pacífica pero eficaz, entonces las firmas usan la represión.

“Estamos viendo buena resistencia, protesta social efectiva, que está deteniendo los intereses de las empresas. Se han detenido proyecto mineros, carreteros y demás, y eso significa más agudización de la criminalización y de la violencia. Y esto pasa en El Salvador, pasa en Guatemala, en Panamá y en toda América Latina, porque son los mismos proyectos y las mismas corporaciones”, detalló el activista mexicano de origen michoacano.

Un informe de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), dado a conocer en febrero pasado, refiere que en los últimos años, la criminalización de defensores de los derechos humanos en el contexto de la política global de extracción de recursos naturales y de megaproyectos ha mostrado una tendencia generalizada en América Latina.

El estudio, que fue elaborado conjuntamente por la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) y el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, expone que esta situación se repite en Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Perú.

En la República mexicana, uno de los lugares donde constantemente hay agresiones es el Estado de México, donde el Área de Documentación e Incidencia del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero tiene registrados 150 casos de agresiones.

Gustavo es sociólogo y comenzó a realizar investigaciones de comunidades en Chiapas luego del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es fundador de la organización Otros Mundos A.C., donde impulsa el programa Alter-Natos, que es una iniciativa en búsqueda de la felicidad no relacionada con el capitalismo.

“Hay otros modos distintos a los de este sistema. Ahorita es más fácil pensar que el mundo se va acabar por un desastre a que el capitalismo termine. Pero otro mundo es posible. También hay que construir relaciones muy distintas desde abajo, desde las comunidades. Generar otro sistema. Y claro que se puede. Este capitalismo no es eterno, tuvo un inició y no será para siempre”, dijo el activista.

A principios de marzo de este año, Gustavo Castro se encontraba en Honduras para asistir a un foro. Durante su estancia, Berta Cásares y él sufrieron un atentado donde la líder de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) fue asesinada.

Luego las autoridades de Honduras retuvieron a Castro sin razón aparente, justificando que sería una medida mientras realizaban las investigaciones. Castro acusó que durante ese tiempo estuvo desprotegido.

Al llegar a la Ciudad de México el pasado primero de abril, las autoridades mexicanas lo recibieron y le ofrecieron protección por medio de varios mecanismos; sin embargo, el defensor del territorio lamentó que el Estado haya respondido tarde, pues corría el riesgo que en Honduras los criminales pudieron asesinarlo.

Sobre el crimen el activista aseguró sentir impotencia al ver “que un gobierno como el de Honduras, con tantísima impunidad se mantiene”; aunque aseguró no guardar ni rencor ni odio.

“Algo que aprendimos mucho de Berta es que en medio de su lucha, y en medio de la presión y las amenazas que tenía día a día, nunca perdía la felicidad, ni la atención ni el cariño a la gente. A mí eso me sorprendía mucho. Me hubiera gustado decirle todo eso, pero se nos fue muy rápido. Para mí fue un honor poder despedirme de ella, y considero que haber quedado vivo es una oportunidad para que todo ese legado no quede en el olvido ni sea masacrado políticamente. Aquel día todo parecía estar muy planeado: no me esperaban, Berta lo sintió y el destino nos dice que el legado debe y su lucha deben continuar. Ella no murió, sino se multiplicó en varios lados. Yo creo que ella, donde sea que esté, se encuentra feliz”, narró Gustavo Castros Soto, sobreviviente.

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