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¡Cuando el éxodo nos alcance!

La hospitalidad se ofrece o no se ofrece,al extranjero, a lo extranjero, a lo ajeno, a lo otro. Y lo otro, en la medida misma en que es lo otro, nos cuestiona, nos pregunta.

Mirta Segoviano Prólogo a La hospitalidad de Jacques Derrida.  

 

Faltando tres años para el fin del Segundo Milenio, ante el continuo éxodo tras la Primera Guerra Mundial, por la devastación de las ciudades, las guerras intestinasnacionalistas y fundamentalistas, además de las catástrofes por la erosión del planeta y la lenta agonía de la Tierra, nos sorprende el filósofo francés Jacques Derrida, al imaginar un cosmopolitismo planetario, una hospitalidad  incondicional que supere las exigencias del pasaporte y la instalación de villas-refugio (Derrida, Cosmopolites de tous les pays, encore un effort(Cosmopolitas de todos los países, un esfuerzo más, París, Galilée, 1997; trad. de Sandra Pola y Rosario Herrera). Un texto cuya lectura debe ser acompañada de Jacques Derrida, La hospitalidad, Buenos Aires, La Flor, 2000; un diálogo que se debate entre la ley incondicional de la hospitalidad y los derechos y deberes que condicionan la hospitalidad y el refugio. Pero que entre una ley incondicional de hospitalidad y un derecho, existe una heterogeneidad radical, pero también indisociabilidad, pues una implica y prescribe la otra. Asimismo en Derrida, Políticas de la amistad y el oído de Heidegger, Madrid, Trotta, 1998, donde encontramos un análisis político de todo lo que vincula a la amistad con la ciudad, como origen de lo político. Además de la cuestión del fratrocentrismo como modelo de la amistad y la vida poública. Y en Derrida, Adiós a Emmanuel Lévinas y Palabra de acogida, Madrid, Trotta, 1998, con su tema fundamental, en palabras de Hannah Arendt, El declive del Estado-nación, que después de la Primera Guerra Mundial, ha traído consigo a refugiados, inmigrados, desplazados, exiliados por todo el mundo que reclaman, antes que un cambio del espacio geopolítico o una transformación jurídica-política, una conversión ética. Lecturas todas para poder pensar lo radicalmente otro y la problemática de su hospitalidad, cuando el éxodo nos alcance.

Ya desde entonces, al filo del Tercer Milenio, Derrida nos invitaba a recordar que a los hebreos debíamos la hospitalidad incondicional, y aunque contaban con dos raíces en apariencia opuestas, hospites (huésped) y xenoi (extranjero), al concebir a todos los seres humanos como hijos de Dios y hermanos entre sí, abrían las puertas, por mandato de los profetas, a las caravanas, a los viajeros y hasta a los animales sedientos o heridos. Y cuando el pueblo hebreo, que no obstante se amurallaba, gritaba: —¡Pero pueden venir enfermos! Los profetas ordenaban: —¡Abran las puertas! Una hospitalidad incondicional que, con los requisitos legales de los Estados, se hace imposible o por venir. Porque hospites, el huésped, terminó por ser el xenoi, el extraño que  produce xenofobia.

En el marco de esta premisa ética, de consecuencias políticas, gracias a que me buscó la doctora Reyna Carretero, por un capítulo de un libro que leyó (Rosario Herrera, “Jacques Derrida: ética, cosmopolítica y (po)ética”, Koslarek, O., Cosmopolitismo y crítica de la modernidad, México, Siglo XXI-Crefal, 2007), me integré a los foros sobre  hospitalidad, que concluyen en la elaboración de la “Ley de hospitalidad y migración”, que más tarde fue aprobada por la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México), siendo Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubon. ¡La primera ley de hospitalidad en el mundo! La Ley de Interculturalidad, Atención a Migrantes y Movilidad Humana del D. F. (Ciudad de México), 7 de abril de 2011. Una iniciativa de ley que Ebrard no sólo recibió con beneplácito sino que impulsó y concretó en políticas públicas y programas, y que no tuvieron ni las únicas ciudades hospitalarias en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, ciudades neutrales, donde no entraban ni los nazis ni los aliados, a las que debemos que salvaran la vida Sigmund Freud y Walter Benjamin, entre otros, como fueron las ciudades de Salzburgo y Suiza.

La inesperada caravana que salió de San Pedro Sula, Honduras, tras el sueño americano, la más numerosa, según el diario Reforma de 5 mil y El País de 10 mil, se ha convertido en un reto no sólo para los gobiernos de los países implicados. Honduras, México y Estados Unidos, sino para los lugareños por donde va pasando y l@s mexican@s en general y quienes los reciben como a huéspedes de honor o con preocupación (como recientemente se interpretó: por el Trump que todos llevamos dentro). Para el gobierno de México, primero se trataba de hacer prevalecer el Estado de Derecho, a macanazos y gases lacrimógenos, violentando los tratados internacionales en materia de derechos humanos y el derecho al refugio. Pero pronto, como suele suceder, el presidente Enrique Peña Nieto, no sin los gritos y sombrerazos de las redes, corrige la plana y anuncia en cadena nacional el programa “Esta es tu casa” (con visa provisional, escuela para l@s hij@s, servicios de salud y empleo). Y el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, adelantándose a Enrique Peña Nieto, les ofreció una visa de empleo, además de que difundió que le ha pedido a Trump que invierta 30 mmd, que permitan crear las condiciones para que los centroamericanos no tengan que salir de sus países. Aunque hasta aquí, sólo está el sesgo económico de Obrador, es un loable acierto, aunque todavía no incluya que la violencia y la descomposición de estos pueblos, es un problema trasversal que también debe contemplar la cultura, la educación, la política y hasta la vida subjetiva, como factores de la huida de su terruño. Pero, como se sabe, para los centroamericanos en general, México los ha tratado muy mal, por el narcotráfico y la trata de personas, además de sus salarios de miseria, que mientras se simulen dietas magras para legisladores y funcionarios de alto nivel, y se protejan la multimillonarias ganancias de los patrones, no se ve para cuándo van a ser realmente dignificados los salarios mínimos.

Como era de esperarse, no han faltado las sospechas de que a dos semanas de las elecciones en Estados Unidos, a Trump la caravana le venía como anillo al dedo. Y peoraún, que los gobiernos del sur le están llevando agua a su molino. Más cuando los demócratas están a más de 7 puntos arriba en las elecciones de este próximo 6 de noviembre. Como dijo Maquiavelo: “Si quieres ganarte a la plebe, hazle creer que vas a acabar con lo que cree que es su mal”. Por eso Trump, inmediatamente declaró: “Yo soy el único que puede detener la caravana para resguardar el interés de Estados Unidos”. Y agregó: “Voy a mandar a la guardia fronteriza y al ejército, porque se trata de una amenaza para el pueblo de los Estados Unidos”. ¿Cómo parte del show?

Mientras tanto, ni duda cabe que para el gobierno entrante, para la Cuarta Transformación, es una gran oportunidad para asumir un liderazgo internacional, que impulse una solución regional sustentable a este sensible y urgente problema, en el que la hospitalidad no se riña con la puntual y expedita atención a los siempre olvidados mexicanos.

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