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Insensatez también en la casa… de la cultura

LA PERSISTENTE LLUVIA 

Cuando todo importa un bledo
cuando se acumulan restos de lo que fue
en cualquier rincón
cuando el recinto memorioso
se convierte en bodega
la insensatez muestra su rostro más grotesco.

La falta de respeto a un recinto que se han ufanado en reconocerlo como Monumento Histórico, fiel testigo del paso del tiempo, de su deterioro y restauración para ofrecerlo a la población moreliana y de sus alrededores, como un ámbito donde la enseñanza de las artes tuviera digna cabida como Casa de Cultura, y con ella, las oficinas del también naciente Instituto Michoacano de Cultura.

Esa coyuntura, visión y sensibilidad de quienes ocuparon puestos claves para su surgimiento y desarrollo, permitió que a los espacios, salas, auditorios y patios principales etc., se les diera un uso donde las expresiones del arte tuvieron amplia cabida: Exposiciones pictóricas, magnas conferencias, encuentros literarios locales, nacionales e internacionales. El Teatro Ocampo funcionaba como extensión para puestas en escena, presentaciones de ballet contemporáneo, música, Títeres, etc.

Todo esto convivía con los talleres que ahí se impartían, además de retroalimentarlos, porque se veía a los creadores de carne y hueso, sin pedestales que tanto gustan implantar algunos gobernantes en aras de su propio ensalzamiento.

El Patio del Quijote era un espacio donde domingo a domingo se realizaba un programa cultural, se mantenían sus puertas abiertas para que los paseantes pudieran pasar a disfrutarlo.

Años después, dicho instituto se convertiría en lo que es ahora: Secretaría de Cultura y saldría sus oficinas de las instalaciones de la Casa de las Cultura.

Eso, supuestamente otorgaría mayor holgura del espacio que ya requerían los talleres de arte, dado el crecimiento poblacional urbano de la ciudad de Morelia y puntos circunvecinos.

Pero aunado a una serie de factores que han propiciado que el arte ya no sea una prioridad sino un pretexto acomodaticio, para atiborrar de talleres cualquier rincón de este recinto, que se ha convertido también en bodega que entorpece su recorrido. Se han taponeado accesos de escaleras, la entrada de las criptas en el Patio del Quijote. El patio que da a espaldas cuenta también con un teatro al aire libre que se encuentra cuasi cerrado, y también un cúmulo de implementos cubiertos por lonas “embodegados”.

Por si esto fuera poco, se vino a sumar el uso o renta de los espacios de los patios principales como salones de fiesta de aniversarios: de Sindicatos, de Alcohólicos anónimos, del Festival Internacional de Cine, de Masones, y un largo etc. Todo esto abonando al deterioro de baldosas y canteras.

LA FALTA DE RESPETO

Jueves 10 de agosto, 4:45 pm. Llovía a cántaros, a la entrada de la Casa de la Cultura varios trabajadores bajaban de camiones de carga: estructuras metálicas, y toldos los cuales se mezclaban con los niños, padres y madres, jóvenes y maestros que acuden a sus talleres de verano.

Algunos se guarecían a la entrada, pero otros se lanzaban a ese camino incierto, mojado y resbaladizo, donde la mezcla de elementos humanos, de herramientas y estructuras metálicas y hombres levantando, colocando, estirando toldos para hacer caer la lluvia que se iba acumulando en los dobleces e impedía jalar y estirar… Ese chubasco y peligroso entramado tuvieron que librar para llegar a sus respectivos salones.

Nada que requiera a un experto para diagnosticar el peligro latente que conlleva la falta de previsión y respeto para este tipo de instalaciones dentro de un horario de clases.

¡Ah! pero si los funcionarios que les corresponde atender esas precauciones tuvieran el tacto, la mesura, la visión y la responsabilidad para entender que están tratando con personas, llámense niños, jóvenes o adultos que acudieron a un lugar en busca de opciones donde el arte tenga cabida para ellos y no su expulsión, (ni ganas de volver a un lugar donde la vida de sus hijos se encuentra en peligro. Además del costo que tuvieron que pagar para tener cabida).

Lo único que queda demostrado es su falta de sensibilidad, no les interesa. Por más que actúen sólo vienen siendo una máscara grotesca de sus antecesores.

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