HomeActualidadLos muertos andan entre caminos de veladoras y cempasúchiles

Los muertos andan entre caminos de veladoras y cempasúchiles

Fotografías:Enrique Castro

Ihuatzio, Michoacán. El camposanto se llena de una cálida luz, el reflejo de las veladoras da a la cara de los indígenas que prudentemente esperan el paso de las ánimas, sus mirar perpetuo contrasta con la mirada de asombro de turistas que deambulan de tumba en tumba llenándose del misticismo que invade el lugar; fechas mortuorias, ofrendas, arreglos de cempasúchil, veladoras y humo de las fogatas invaden el momento de la consagración, la noche en que los muertos espiritualmente regresan para el regocijo de quien los recuerda: así se vive la noche de muertos en los pueblos ribereños del Lago de Pátzcuaro.

Ángeles y cruces comparten las tumbas de los que han partido, entre estos símbolos cristianos se mezclan huacales, coronas de flores y estrellas, símbolos indígenas que marcan el camino de las ánimas que por una noche son consuelan a los dolientes; los rasgos de las caras mestizas de la gente de estos poblados, contrasta con el ambiente sereno y acogedor que se vive en los panteones.

Entre fechas marcadas con tintas o con cincel, aparecen las fotografías de aquellos que han partido de este mundo, la consagración del momento se vive a la luz del fuego, entre las tumbas floridas y deslumbrantes, se instalan fogatas que brindan calor a la gente que viste con sarape y nagua, indígenas que con viveza adornan los espacios donde sepultaron a sus muertos.

Erasmo Guzmán Toledo, falleció el 14 de mayo de 1990; Roberto Antonio Aparicio, feneció el 15 de noviembre de 1988; descanse en paz el Señor Adolfo Zaldívar Chichipán, recuerdos de su familia acaeció el 11 de septiembre de 1997; son las leyendas que se leen en las tumbas y cruces de los panteones indígenas, donde se grava la fecha aciaga para no olvidarla.

“Coopere para mi calaverita”, piden los niños de este pueblo mágico que aún ven la Noche de Muertos como un día de regocijo y contento, a su edad pocos han pasado por penas y amarguras que les obliguen a tener quietud o dolor por los fenecidos, para ellos la animosidad aún está presenten y recorren todos los rincones del camposanto buscando unas monedas que dejen los turistas a su paso.

Entre el cantar de niñas que rondan de tumba en tumba ofreciendo oraciones, se observa el transitar de visitantes que buscan cada detalle de los indígenas que velan a sus muertos, en un primer cuadro las niñas en coro recitan una oración, en el segundo plano los ebrios turistas posando para la foto utilizando e coro de niñas como fondo de la imagen; el misticismo tiende a la perversión conforme transcurren las horas y los efectos del alcohol ganan terreno sobre la consagración del momento.

Es una noche sacra donde con una cobija, una fogata y una canela se vela a los difuntos, el panorama es diverso, mientras la gente del pueblo se queda en los dos camposantos divididos sólo por un camino, los visitantes se deleitan contemplando desde los adornos en las tumbas, hasta un paseo por yácatas de fría piedra que al horizonte de los camposantos se imponen en lo alto como firmes guardianes de las tradiciones ancestrales, al otro lado, la rivera del lago refleja la luz de otras comunidades e islas que a su manera preparan la llegada de las ánimas que son esperadas con ofrendas, calabaza de dulce, humo de copal y atápacuas de la región.

Desde hace tres días y durante el resto de este 2 de noviembre las tumbas de los camposantos estarán veladas por la gente de las comunidades, que al pie de las tumbas preparan el tradicional pozole, el ponche y las fogatas que perpetúan el momento y lo consagran como una consolidación entre el pasado y el presente, entre lo que fue y lo que es, entre el misticismo y el asombro, entre lo local y lo turístico; la consagración de los mundos.

 

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