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México, la nación de las fosas clandestinas: “el ejército también las usa, nosotros sabemos cuando lo hace”: campesino

Revolución TRESPUNTOCERO

“México se posicionó como un país de nota roja desde Calderón, y hoy es la nación de las fosas clandestinas, actualmente es peor que antes, aun cuando parecía imposible superar las innumerables tragedias, así es como en este momento mientras externo este análisis, alguien ya ha muerto en algún punto de la República, porque según las cifras oficiales más recientes, se perpetran 2 asesinatos por hora, aproximadamente 49 al día, de seguir la misma tendencia, este año finalizará con poco más de 16 mil muertes violentas, de las cuales se culpará principalmente al narco, y dejando al verdadero asesino impune: el gobierno”, afirma el investigador social y criminalista Alberto Gómez Caña.

En lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto se han contabilizado poco más de 45 mil ejecuciones, a lo cual se ha sumado un ‘nuevo’ hallazgo, las fosas clandestinas, las cuales adquirieron mayor relevancia después de la desaparición de los 43 estudiantes a finales de septiembre, ya que a unos meses éstas comenzaron a ser descubiertas en un primer momento en Iguala, Guerrero; al alcanzar una mayor relevancia el tema, derivado del caso Ayotzinapa, la prensa internacional fijó su atención en dicha región, sin embargo es sólo una parte de la realidad que vive el país.

Desde 2009 se han encontrado fosas con cuerpos en 18 de los 32 estados, tanto en el noroeste, el occidente, el norte y el sur del país, las actuales autoridades aseguran que la mayoría son producto de la guerra contra el narcotráfico que inició Felipe Calderón, sin embargo habitantes de diversas comunidades que han encontrado cuerpos y han sido quienes informan a las autoridades, aseguran que un cuerpo de varios meses no se podría ver como los descubiertos, y por lo tanto “seguro hubo muchas fosas clandestinas con el presidente pasado, pero ahora hay más, lo sabemos porque como las autoridades no nos hacen caso cuando denunciamos la desaparición de algún familiar nos damos a la tarea de buscar y son cuerpos ultimados recientemente”.

ONG’s como la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas (Fuundec), afirman que la cantidad de tumbas clandestinas es innumerable, porque varias partes del país son enormes cementerios, que no han obtenido un resultado mínimo que aclare lo ocurrido en esas regiones. Por su parte los informes de la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) señalan que en ocho años se han localizado más de mil 200 cuerpos en este tipo de fosas.

Eugenio tiene 65 años y se dedica a la siembra de legumbres, las cuales lleva a vender al mercado más próximo de su comunidad en Chiapas, él narra a Revolución TRESPUNTOCERO, que en el sur también existen fosas clandestinas, “pero controladas, las cuidan para que nadie se entere, nos callan o nos callamos para no delatar a nadie, porque si no nos morimos, en parte por el narco, en parte por los militares”.

“Yo no sé cómo sea en otras partes, pero de este lado, las cosas se hacen al método del narco, en las zonas altas, donde pocos llegan y los que lo hacen son cómplices o tienen miedo a morir, se encuentran los sembradíos de amapola y marihuana, grandes hectáreas rodeadas de otro tipo de plantaciones, como es el café, para disimular; contratan a campesinos para cultivar, si no aceptan violan y matan a tu familia y luego a uno, si vas y haces mal las cosas te matan y te entierran en un hueco que mandan a cavar en un lugar medio aislado”, asegura Eugenio.

Él afirma que en los últimos dos años algunos pobladores que rentaron sus tierras y al mismo tiempo trabajaban en el cultivo de la amapola, comenzaron a desaparecer, “a mí me consta, porque conocía muy bien a uno de ellos, que se quería salir, porque con la llegada de los militares descubrieron plantíos y no se llevaron a los narcos, sino a los pobres campesinos, entonces él tenía miedo que le pasara, también dijo que vendería y se iría con su familia, finalmente a quienes lo contrataron les servían las tierras no él”.

“Días después ya no regresó a su casa, desapareció, pero si a duras penas nos hacen caso las autoridades, lo cual casi nunca pasa, ahora con mucha más razón su familia prefirió quedarse callada, porque descubrirían a qué se dedicaba… fueron semanas después que se encontró y se le reconoció, su familia decidió que se quedara ahí, le echaron más tierra, para qué moverle y se fueron de su casa, lo dejaron todo, no es el único, otras veces se encuentra gente que nadie sabe quién es, algunas veces son enterrados en los pequeños terrenos de los que cosechan verduras, lo sé porque a mí ya me pasó”, narra Eugenio.

“Tengo un parte de hectáreas que no sirven para maldita la cosa, porque igual me quedo con hambre, pero al menos no les servía a los narcos, pero un día haciendo la limpia de mi terrenito encontré un cuerpo, los vecinos y yo sabíamos que lo fueron enterrar ahí, primero encontramos pies, en otro lado había manos, planeo irme de ahí, porque esa tierra ya ni para sembrar es buena, está maldita por el narco y los militares que los protegen”, reitera el campesino.

Él asegura que el conflicto paramilitar y militar que se ha gestado en varias zonas indígenas de Chiapas, bajo el cometido de “despojarlos de sus tierras, para vendérselas a empresarios”, se ha dado paso a fosas clandestinas. “El ejército también las usa, nosotros sabemos cuando lo hace, aquí muchos han muerto por defender nuestras propiedades, para que no se nos haga menos y en muchas ocasiones se ha intentado dar a conocer que vivimos asolados por el narco y nadie nos cuida, pero como seguro al gobernador no le conviene que la gente sepa como nos trata, nos ultiman, con un tiro en la nuca, a ellos no les gusta la gente de lucha, y nos matan como lo hace el narco, primero ‘levantan’, muchos lo hemos visto y luego ejecutan, nadie dice nada, todo se apacigua…

En algunas ocasiones lo mucho o poco que podemos hacer es acompañar a las familias a buscar a varios lugares a ver si por ahí los enterraron, sí hemos encontrado algunos cuerpos, y en alguna ocasión nos consta el porqué los mataron y no tiene que ver con el narcotráfico, pero por el desamparo total mejor el silencio absoluto, porque esta historia nos tocó”, finaliza Eugenio.

En otras regiones del país, donde la denuncia de desaparición forzada es recurrente, los familiares de las víctimas cada vez más se quejan, que al darse a conocer una fosa clandestina, van al lugar de los hechos para instar que las autoridades realicen en forma adecuada las exhumaciones y después dar resultados que les permita cerciorarse si se trata o no de la persona a la que buscan, pero esto, dicen, no pasa, ya que el proceso es inadecuado y muchas veces incompleto.

Ésta es una de las principales exigencias del colectivo de Víctimas por sus Desaparecidos en Acción (VIDA) en Coahuila, quienes, tal como lo documentó Revolución TRESPUNTOCERO, es un grupo que se dedica a investigar el paradero de sus familiares, por medio de la exploración y excavación de distintas zonas de Torreón, en donde ya han encontrado al menos 300 cuerpos en distintas fosas clandestinas.

Silvia Ortiz miembro de VIDA, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO, “seguimos haciendo búsqueda terrestre de fosas clandestinas y de cuerpos, los hallazgos que hemos encontrado de osamentas han sido localizados al escarbar en sinnúmero de sitios, el problema ahora es que hace ya varios meses del primer descubrimiento y la policía científica no nos ha dado los resultados del ADN, lo cual es nuestra principal molestia“.

La respuesta que les ha dado la dependencia es que en muchos casos no se puede obtener información porque las piezas están muy dañadas, a lo que el Comité responde, “entonces te encargo que sectorizas e investigues quién trabajó en este lugar y que esas personas las que respondan a quienes pertenecen todos estos restos”.

A lo largo de su búsqueda que ha durado aproximadamente hasta el día de hoy siete meses, el grupo VIDA ha encontrado innumerable cantidad de huesos, donde nunca ha faltado el descubrimiento de fosas clandestinas. La forma en la que se hacen este tipo de descubrimientos es acercándose a los pobladores de  las comunidades, “nosotros nunca engañamos a las personas, nos presentamos y les decimos no me importa quién lo hizo, ni cómo lo hizo, sólo queremos saber si hay en este sitio fosas clandestinas en las que pudiera existir la posibilidad que se encuentre mi persona desaparecida”, asegura Ortiz.

Agrega que después de esa presentación, “los pobladores aportan un poco más de información, sin decirnos el sitio exacto nos van marcando la ruta porque sin duda alguna ellos conocen la zona y saben lo que sucede, en la mayoría de los lugares a los que hemos llegado nos han indicado y hablado sobre brechas, siempre encontramos huesos,  siempre”.

Gómez Caña puntualiza que no solamente la sociedad civil hace el trabajo de las fuerzas armadas y el gobierno, sino que al realizarlo encuentran fosas clandestinas en cualquier parte y sin mucha dificultad, también los llamados ‘tambos pozoleros’, los cuales abandonan en terrenos solos pero nada alejados de las comunidades y a la vista de todos, “lo paradójico es que aún poniéndoles su trabajo hecho en las manos siguen sin actuar, no imagino un país que se diga tener un presidente con tantita humanidad, que deje en el desamparo a su sociedad y sean los familiares quienes realicen el doloroso trabajo de buscar a sus víctimas ausentes”.

“A las dependencias que se asumen como ‘luchadoras contra el crimen’, es seguro que les pueden dejar tambos pozoleros a las puertas de sus oficinas y no investigarlos, cavar fosas clandestinas ante sus ojos y no ‘darse cuenta’, porque a ese grado llega su cinismo y languidez aunados a la tibieza de un presidente negligente”, menciona el investigador.

Hasta hoy las autoridades del país, aseguran no han podido identificar al 80% de los cadáveres encontrados en fosas clandestinas desde 2006, según las cifras oficiales, más de 22 mil personas han desaparecido en los últimos ocho años. Casi el 50 % de los casos se registró entre 2012 y 2014.

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