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Mozart en la García Obeso

La dulce melodía del violín detiene a la gente que transita por la calle García Obeso. Un joven se embelesa con la “Pequeña serenata nocturna”, de Mozart, en una ejecución limpia, sin tropiezos, ahí, en medio del ruido del transitar urbano, donde la música que ejecuta flota, se suspende entre cláxones y voces de vendedores.

El ejecutante se llama Francisco Alejandro Cornejo Cardona. Tiene 19 años de edad y es egresado del Centro de Educación Artística “Miguel Bernal Jiménez” (CEDART), donde aprendió a tocar el instrumento y con el que incursiona desde hace cuatro meses en el espacio público.

-¿No te interesó pasar a otro nivel, ser concertista?

“Sí, pero al salir del CEDART entré a Bellas Artes (la facultad de la Universidad Michoacana), pero no tuve una buena experiencia y me salí; como me interesan las ciencias, quiero entrar al Tec de Morelia y estoy revalidando materias para entrar, pero no quiero perder esta pasión por la música, y gano un poco de dinero para solventar mis gastos personales”.

Lo que busca con sus ejecuciones en plena calle, señala Francisco, es “compartir un poco de lo que yo he aprendido, y le veo un valor importante al arte, que muchos catalogan como académico, como elitista; a final de cuentas es bueno escuchar la música que todos quieren, pop, rock, pero hay mucho que mucho que encontrar en esta música académica, por decirlo de alguna manera, que no considero que sea elitista y me gusta difundir un poco esa música”.

-¿Cuántas pieza tienes en tu repertorio?

“Siempre traigo esta “serenata” de Mozart, a Vivaldi, a Rieding, son seis por lo general”.

-¿Qué sensación tienes cuando tocas en medio de un escenario urbano, que te pongan atención, que la gente se pare?

“Las primeras veces me ponía nervioso, No empecé tocando aquí en el centro. Me ponía en los tianguis, por las mañanas. La verdad no sabía que iba a pasar; en los tianguis la gente escucha música más popular, y dije, bueno, qué puedo perder, pero al pasar el tiempo, sé que voy a sacar algo bueno de tocar día a día, entonces poco a poco ya no tengo pena, ya no tengo vergüenza, toco muy natural. Aquí en el centro sí trato de dar una mayor calidad a mi acto, por así decirlo, rato de cuidar la calidad, tocar bien, claro, a veces si me gana el nerviosismo cuando hay muchas más personas, que a veces se me acerquen, pongan atención, es un compromiso que yo quiero dar, si traigo piezas de cierto nivel, de cierta cultura, pues que se interpreten bien, como deben oírse, no quiero cometer errores. Es gratificante ver la gente que se interesa, te pregunta, oye, como se llama la pieza”.

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