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Unión Berlín, el nuevo equipo de la Bundesliga; conoce su historia

El Unión Berlín toca por fin el cielo. El peculiar conjunto de la capital alemana consiguió el primer ascenso de su historia a la Bundesliga. Jugaba la promoción con un histórico: el Stuttgart. Tras empatar a 2 en el Mercedes-Benz Arena, el 0-0 en su propio estadio les mete de lleno en la élite del fútbol teutón. Su ascenso no es uno más. La historia de este modesto y curioso equipo merece ser contada.

El Unión Berlin siempre se ha distinguido por ir contracorriente, por ser rebelde. Fundado por obreros en 1906, se refundó en 1966 en plena guerra fría con la separación de bloques comunista y capitalista. Tras una reorganización de la liga por parte del régimen de la RDA, se fundó la Oberliga para el este. Enclavado en el barrio de Köpenick, su principal rival es el Dynamo de Berlin, fundado en 1953 y controlado por la Stasi, el servicio secreto comunista de la RDA.

El Unión, equipo de los trabajadores del metal, tuvo que contemplar como el equipo del régimen comunista se convertía en el dominador de la Oberliga al ganar 10 campeonatos ligueros consecutivos (1977-1988). Esta racha impresionante no hubiera sido posible sin la presión y el miedo que creaba Mielke, el jefe de la Stasi. Cuando el Dynamo llamaba a la puerta de otros equipos para llevarse al jugador estrella resultaba muy difícil resistirse. Los árbitros protagonizaron un sinfín de actuaciones escandalosas que beneficiaban a los futbolistas del Dynamo, a los que concedieron todos los penaltis y goles en fuera de juego necesarios para asegurar la victoria. Por si aún así no resultaba suficiente, los rivales del equipo de Berlín muchas veces fueron debilitados en los partidos previos con tarjetas y expulsiones más que dudosas.

El Unión Berlín, durante la RDA, fue el refugio de los descontentos con el régimen. Era uno de los pocos clubes de élite que no estaban controlados por un colectivo laboral, aunque su base obrera le ganó el apoyo del sindicato único. “No todos los hinchas del Unión son enemigos del Estado, pero todos los enemigos del Estado son hinchas del Unión”. Una frase que resume parte de la idiosincrasia de este club.

Sus hinchas aprovechaban cada partido jugado ante el Dynamo para protestar contra el régimen. “Wir wollen keine Stasi schweine” cantaban, lo que traducido al castellano es “No queremos a los cerdos de la Stasi”.

Tumbado el muro de Berlín, el fútbol del otro lado del muro tuvo que reincorporarse a la liga alemana con los equipos del oeste. Las difíciles condiciones económicas a las que se tuvieron que enfrentar estos equipo hizo que muchos, entre ellos el Unión Berlín, tuvieron que hacer malabares para no desaparecer. En el caso del Unión, sobrevivió en el alambre gracias a su afición.

Una familia

Lo que realmente hace único a este modesto equipo es su afición. Sin pedir nada a cambio, su mejor resultado en los últimos 20 años fue meterse en una final de Copa, que perdió ante el poderoso Schalke, es la hinchada que más ha dado a su equipo en la historia del fútbol. Ellos trabajaron durante 16.000 horas en 2008 para remodelar su propio estadio. Sin cobrar. 300 días sin descanso. ¿Por qué? Merecía la pena dar un nuevo hogar a la familia. .

Un estadio que está situado en medio de un bosque, siguiendo la tradición de molestar poco, ser libres y que el pueblo disfrute de sus colores. Su lema, #EisernUnion, significa unión del hierro.

¿Pero qué hacían con el estadio? De quién era propiedad? Si lo habían construido ellos. Así que el club, por aclamación popular, lo vendió a sus aficionados. Se partió la propiedad en 10.000 participaciones a 500€ cada una y se podían comprar 10 como máximo por persona.

Mientras se ponía a la venta, llenaron Berlín de pancartas y vallas publicitarias con fotos de Blatter y Berlusconi con el mensaje de “Estamos vendiendo nuestra alma, pero no a cualquiera”. En una época en la que el fútbol moderno se llena de petrodolares y nuevos ricos, el Union Berlín era una familia. En la primera semana a la venta, ya se habían colocado la mitad de las participaciones. Muchos las pagaron a plazos y se quedaron sin vacaciones. Pero la razón valía la pena. El F.C. Union Berlín no es un club de fútbol. Es un milagro social, un ejemplo.

En 2004 el club rozó la bancarrota. ¿Quién llegó al rescate? La afición. Recolectaron los 1,5 millones de euros necesarios para que el Unión no desapareciera. Y es que, cuando el Unión pide ayuda allí están ellos sin pedir nada a cambio. Como toda buena familia, se reúnen en Navidad, cantando villancicos.

Durante la disputa del Mundial, el estadio se convierte en un improvisado salón lleno de sofás donde la afición disfruta de los partidos en pantallas gigantes. Como si de un club social se tratara, su relevancia va mucho más allá del fútbol.

Las aspiraciones del club han cambiado con el paso de los años pero sin olvidar quiénes son y de dónde vienen. Hasta 2012 tenían una política de no gastar un solo euro en fichajes. Todas las incorporaciones llegaban a coste cero. A partir de ese año comenzó el aperturismo aunque con cifras modestísimas para el fútbol de élite. El fichaje más caro en la historia del Unión es Sebastian Polter, por el cual pagaron 1,6 millones al QPR. Muy lejos del nivel de gasto del fútbol moderno.

El Unión siempre fue cercano a la clase obrera, cercano a los trabajadores metalúrgicos. Nada de ejército, policía o estado. Desde la unificación de Alemania los clubes que pertenecían a la RDA apenas han tenido protagonismo, su paso por la Bundesliga ha sido efímero y en muchos casos ni han tenido esa oportunidad. En pleno 2019, el Unión Berlín alcanza el cielo mientras que su eterno rival, el Dynamo, se pudre en la cuarta división. La familia le dio la vuelta al destino. Ahora, tras años de esfuerzo, toca seguir disfrutando pero en la élite. Enhorabuen

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